miércoles, 27 de octubre de 2010

Tres parejas homosexuales han solicitado adoptar un niño en Gipuzkoa

Ningún país extranjero les acepta y las listas de espera en el estado son "eternas"

Muchos optan por la adopción monoparental, la reproducción asistida o las madres de alquiler

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Dos hombres y un niño, ajenos a esta información, observan la nieve en las calles de Pamplona. (Foto: javier bergasa)

Estar empadronado en Gipuzkoa, que al menos uno de los dos miembros de la pareja solicitante tenga más de 25 años, tener como mínimo catorce y como máximo 44 años más que la persona adoptada, acreditar una convivencia mínima y el certificado de idoneidad que otorgan los técnicos de la Diputación Foral son los principales requisitos para adoptar un niño desde el territorio guipuzcoano.

A pesar de que sobre el papel estos primeros trámites resulten sencillos -las adopciones pueden llegar a alargarse más de ocho años-, ninguna pareja homosexual en Gipuzkoa que haya presentado su solicitud como pareja lo ha conseguido todavía.

Según datos de la Diputación Foral, en estos momentos existen tres parejas de homosexuales (dos de hombres y una de mujeres) en situación de espera. "Han presentado la solicitud, están en fase de ofrecimiento pero aún no se les ha llegado a valorar porque la lista es muy larga", afirman fuentes del Departamento de Política Social.

Y es que aunque la ley lo permita, en la práctica son muchas las dificultades que las parejas formadas por gays o lesbianas se encuentran a la hora de aumentar la familia.

Por ejemplo, hoy por hoy ningún país extranjero acepta sus solicitudes y sólo pueden acceder al sistema de adopciones en el Estado, donde las listas de espera son "eternas para todos". Así que los interesados se ven abocados a refugiarse en otro tipo de alternativas, como la adopción monoparental, la reproducción asistida o la gestación por subrogación (madres de alquiler).

"Una cosa es lo que la legislación permite aquí y otra bien distinta son las leyes en el extranjero. Que yo sepa, ningún país aceptaría a una pareja homosexual, si bien hay algunos, sobre todo en Latinoamérica, en los que se está hablando del tema, pero todavía como algo interno", indica Rosa Barrio, miembro de la asociación de familias adoptivas Ume Alaia.

Para quienes formulan la petición como pareja, cerrada la puerta de las adopciones internacionales, las posibilidades se reducen a las estatales, con los inconvenientes que esto conlleva. "En estos momentos, la lista es muy grande y los tiempos de espera son de seis o más años. Como hay que esperar tanto, las entrevistas que certifican la idoneidad de la pareja no se realizan de forma inmediata, sino cuando se avanzan puestos en la lista", apunta Barrio.

Sin embargo, el desgaste que generan estos tiempos de espera hace, entre otros factores, que ésta no sea la opción de la mayoría. De ahí que muchos se decanten por las adopciones individuales, ya que algunos países como México, Colombia excepcionalmente, Brasil, algún país africano, Filipinas, Rusia o Bulgaria lo permiten. Aunque, según apunta Rosa Barrio, "a las familias monoparentales es habitual que se les asignen niños con más edad". "Una vez está aquí, la situación del otro padre o madre se regulariza", apunta.

Asimismo, desde Gehitu, Asociación de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales de Euskadi, explican que son "muchas" las mujeres que recurren a la inseminación, "aunque después hay que realizar una pre-filiación -determinar a favor de la madre no biológica la filiación respecto del nacido- o una adopción si el niño ya ha nacido".

En el caso de los hombres, esta posibilidad se traduciría en la gestación por subrogación, es decir, en una madre de alquiler, algo que no contempla la legislación española, por lo que Estados Unidos se ha convertido para más de uno en la tierra de la esperanza.

Es el caso del valenciano Jose Núñez y su marido, que tras intentar adoptar en Rusia, se decidieron por la gestación por subrogación. "No fue nuestra primera opción pero sí la más realista. Nos costó tres años y 180.000 euros, y ahora tenemos dos hijos de dos años. El proceso ha sido y está siendo muy duro pero ha compensado", asevera.

Jose recuerda que hace tan sólo cinco años una de las preguntas que se realizaba a los posibles donantes de sangre era si era homosexual. "Aquí en Valencia, igual que en otras comunidades, hay mucho conservadurismo y eso se nota en muchas cosas", asegura.

Inaxio Grijalba, responsable de servicio de Avanvida, empresa que ofrece la formación previa a la adopción en Gipuzkoa, apunta que "la Administración está obligada a tener valoradas, al menos, tres familias para cuando haya un niño o niña en situación de adoptabilidad". "Siguiendo el orden de presentación del ofrecimiento, se va contactando con las familias para informarles de que se les va a valorar. En esta valoración, en un proceso de idoneidad, se tienen en cuenta aspectos relacionados con la funcionalidad del sistema parental, y en esto no es un condicionante el hecho de ser una pareja homosexual porque se mide a todos con el mismo baremo", señala.

Acogimientos familiares

Gipuzkoa, pionera

En este sentido, Grijalba no cree que la dificultad de las parejas homosexuales a la hora de adoptar se deba a una cuestión de "prejuicios por parte de los técnicos" ya que, por ejemplo, la institución foral es "pionera en el Estado en relación con acogimientos familiares llevados a cabo por parejas homosexuales".

"La cuestión es que está muy difícil para todos porque los trámites son largos, también los tiempos de espera, y cada vez hay menos niños que son orientados a la adopción. A lo que hay que añadir que sus posibilidades se reducen porque no pueden adoptar en el extranjero", dice.

En su opinión, esta situación se reproduce en todo el Estado "básicamente porque se orientan pocos niños a la adopción". "Hay muy pocos que son dados en adopción nada más nacer y muy pocos los padres a los que se les quita la patria potestad y la posibilidad de contacto con sus hijos, por lo que muchos menores son orientados a otras fórmulas como el acogimiento familiar o el acogimiento residencial".

Rosa Barrio, por su parte, afirma que, "aunque hay muchos avances, queda mucho por hacer". "Por ejemplo, hay gente que piensa que es negativo para la criatura que una pareja del mismo sexo adopte un niño, cuando hoy por hoy los resultados de los estudios que yo he leído no hablan de eso", comenta.

Una de las últimas publicaciones en Euskadi a este respecto la firman el catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UPV Enrique Arranz y su colega de la Universidad de Sevilla, Alfredo Oliva. En Desarrollo psicológico en las nuevas estructuras familiares (Pirámide, 2010), tras analizar seis tipos de estructuras familiares -tradicional, monoparental, reconstituida, homoparental, múltiple y adoptiva-, se indica que "no se encuentran diferencias relevantes entre los seis tipos", aunque sí se advierte de que en las familias homoparentales -formadas por personas del mismo sexo- "predominaba un estilo principalmente democrático y con bajos niveles de permisividad y autoritarismo". También se vio que presentaban "una mayor necesidad de apoyo social de amigos y familiares".

"Podría concluirse -aseguran los autores- que cualquier estructura familiar es válida para garantizar el adecuado desarrollo psicológico del niño, siempre y cuando se den condiciones fundamentales como la promoción del desarrollo y de un ambiente estimulante, ausencia de conflictos, cuidados de calidad, un estilo de crianza democrático y una buena red de apoyo social".

Fuente: http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2010/10/24/sociedad/euskadi/tres-parejas-homosexuales-han-solicitado-adoptar-un-nino-en-gipuzkoa

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