sábado, 6 de agosto de 2011

CARTA A UNA MADRE BIOLOGICA

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¿Tenemos los mismos ojos? ¿Sufres con tu peso como yo? ¿Te da alergia por el frío? Espero no sean preguntas tontas pero la verdad es que después de 23 años me parecieron un buen comienzo. En este momento desearía al menos conocer tu nombre, para saber cómo dirigirme a ti y no parecer despectiva.

No sé cuántos días estuvimos juntas. A lo mejor fueron pocas horas, tampoco sé si alcanzaste a ponerme un nombre así que me presento: soy Liliana.
 
Una inseguridad tan grande hace que me duela el estómago, porque no sé si te acuerdas de mí o si quieras hacerlo, pero la verdad, tengo la necesidad de contarte quién soy, porque a la larga no estaría viva si no fuera por ti.
 
¿Alguna vez has pensado qué pasó conmigo después que nos separamos? Te voy a contar que gracias a ti soy una persona especial (espero no sonar presumida) pero es la verdad. El día que me entregaste en adopción me diste el mejor regalo… una oportunidad. Tu sacrificio hace que me resulte imposible juzgarte, así que espero que tú no lo hagas si al referirme a ti no utilizo la palabra mamá. Cuando la gente me pregunta por ti, lo primero que viene a mi mente es la imagen de un ángel. Puede sonar raro e incluso exagerado, pero para mí es lo que eres. Mientras los niños chiquitos tienen un ángel de la guarda, yo te tengo a ti (aunque no sepa dónde estás).
 
No te imaginas la suerte que he tenido desde ese día. La pequeña casa blanca en ese entonces ubicada en la 72 con séptima en Bogotá, fue el sitio predestinado para que ambas le diéramos comienzo a una etapa nueva en nuestras vidas. Más que una institución de adopción esa casa es mi segundo hogar porque ahí encontré a mi familia. Después de darme tetero todos los días por tres meses (tiempo que tardó el ICBF en arreglar mis papeles) una enfermera alta, delgada y con una voz que traspasa paredes decidió hacerme parte de su vida de manera irreversible y entre lágrimas y nerviosismo se convirtió en mi mamá.
 
Te hablo de ella porque algo en mi corazón me dice que cuando nos separamos rezaste todas las noches para que las personas que me adoptaran fueran las indicadas y con toda la certeza del mundo, te digo que así fue. Carlos y Elizabeth son dos seres maravillosos que se han encargado día a día de que mis sueños sean una realidad. Mi papá es un ingeniero químico nacido en Manizales, lo que explica su temperamento conservador y mi mamá, aunque nació en Nueva York, es muy colombiana. Ambos entienden el significado de la adopción, por lo que nunca me hablaron mal de ti (espero que eso represente algo) así como tampoco me negaron que no pudieron tener hijos y que durante nueve meses, tú me cuidaste hasta el día que con la complicidad de Dios llegué a sus vidas.
 
¿Tienes hermanos? Lo pregunto porque yo tengo la mejor. Su nombre es Natalia y con sus ojos verdes y cachetes redonditos conquistó a mis papás quienes la adoptaron cuando tenía ocho días de nacida. Hoy, con 19 años, habla con la madurez de una mujer mayor cuando le preguntan sobre su adopción, porque no duda en ningún momento quién es y de dónde vino.
 
Cuando la gente habla de adopción lo hace con una propiedad extraña que personalmente me aterra, porque lo que tu generosidad me enseñó es que para entender esta realidad tan maravillosa hay que vivirla. Muchas veces en el colegio mis compañeros de clase, en medio de una ignorancia camuflada en chistes malos y bromas pesadas, se refirieron a mí como “la recogida” o “la regalada”, pero como dicen por ahí “a palabras necias oídos sordos” porque ninguno de ellos conoce el valor de un sacrificio hecho con el corazón como el que tú hiciste por mí. Ahora que lo pienso, puedo decir que el tener en mi mente lo que hiciste por mí, mezclado con la honestidad de mis papás, fortaleció mi personalidad a tal punto que cuando la gente hace comentarios sin sentido o estúpidos, para ser más sincera, no me queda más sino reírme.
 
¿Tú qué sientes cuando oyes hablar de adopción? A lo mejor es muy atrevido preguntar pero estoy tan nerviosa y sentimental que una avalancha de inquietudes está matando mi cabeza y no puedo medir el grado de imprudencia. En mi corazón siento que para ti es algo difícil de asimilar y que en ciertas ocasiones es sinónimo de nostalgia, aunque también soy consciente de que puede ser un tema común y corriente para ti, algo así como hablar de novelas o de política; claro que si se tiene en cuenta que hablar de adopción en este país es un tabú, supongo que no puedo criticarte.Ya que te estoy preguntando tanto creo que es justo que sea sincera y confiese que para mí nunca fue una opción escribirte. Por favor, no lo tomes de manera negativa es sólo que cuando pienso en ti siento una paz tan real que resulta casi imposible transformarla en palabras. Soy consciente que físicamente nada nos une, ni siquiera sé cuantos años tienes, pero en mi interior te tengo presente como la mujer más valiente y entregada para quien mi corazón tiene un espacio que nadie más va a ocupar. Hace 23 años yo fui tu prioridad y hoy puedo decir que eres mi héroe porque no sólo me diste la oportunidad de vivir sino que te aseguraste de que tuviera una vida feliz y completa.
 
De corazón espero que la tuya sea mejor simplemente porque te la mereces. Sé que donde te encuentres estas bien, porque mi mamá te tiene siempre en sus oraciones.

Son tantas las emociones que tengo ahora que no sé como despedirme porque ya que abrí una vía de comunicación entre las dos no quiero que parezca que no tengo nada más que decir. Espero que no te haya molestado el que escribiera pero lo necesitaba.
 
No busco meterme en tu vida, sólo quería que supieras que le agradezco a Dios que hayas sido tú la que le dio inicio a la mía.

Carta a una madre biológica por Liliana Escobar Acevedo - Escuela de Comunicación Social y Periodismo

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