lunes, 8 de agosto de 2011

HISTORIA DE UN ABANDONO por Carmen Xiao

Hoy quisiera compartir una historia que nos cuenta nuestra amiga Xiao sobre la experiencia de una madre que abandona a su hijo, sin arrepentirse, con la seguridad de haber hecho lo correcto porque no quería a ese hijo, porque no se sentía madre de él/ella y que no le duele haberlo abandonado. Es duro pero real y nos hace a todos reflexionar. Gracias Xiao por esta entrada tan profunda y tan instructiva.

http://cache2.allpostersimages.com/p/LRG/21/2190/L2GAD00Z/posters/klimt-gustav-madre-e-hija-detalle-de-las-tres-edades-de-la-mujer-ca-1905.jpg
 De Gustav Klimt (Madre e Hija - 1905)

Por XIAO 
(ver en su blog : http://lamaternidadtodaunaaventura.blogspot.com/)


"Ayer tuve un encuentro fortuito y afortunado. Asistí a una reunión que organizaba un familiar; la casualidad me sentó frente a una mujer que desde el primer momento me sedujo. Mirada cálida, cargada de armonia, de paz, conversación fluida, divertida.... un placer charlar con ella. Como este texto va sobre su historia, la llamaré Sara, por ponerle un nombre.
  
La conversación del grupo nos llevó, a través de muchos temas, a mi hija, a su adopción, a su operación, a su lesión medular.... al racismo, a los orígenes..... a la búsqueda..... no todos los asistentes eran profanos en adopción y el tema dió bastante de sí. Opiniones, posturas, criterios.... especialmente los míos como madre adoptiva.  

Sara se levantó de la mesa y se acercó a la piscina, jugando con los niños. Desde lejos me llamó. Nos sentamos en el borde de la piscina y, con los pies en el agua, me dijo que al oirme hablar de mi hija había sentido ganas de contarme su experiencia. Y me soltó un "yo abandoné a un niño" a bocajarro.....y me contó su historia; me contó como vivió y como vive el abandono de su hij@; me contó una historia absolutamente diferente a lo que leo y oigo, a lo que yo podía imaginar. Esta es la historia:
 
A finales de los 70 Sara era una cría de 16 años, de familia acomodada, situada en una buena posición en la escala social. Se quedó embarazada del amigo de su hermano mayor, un muchacho de edad parecida y en el mismo escalafón social que ella. Saber que estaba embarazada y sentirlo, le convirtieron en adulta de un bofetón. Tenía que tomar decisiones, tenía que pensar, que ser responsable, que madurar. La primera decisión fue conseguir el dinero necesario para ir a Londrés, que entonces era la única posibilidad segura de abortar. Pero no consiguieron el dinero. Las semanas pasaban rápido y las familias de Sara y de su novio se enteraron de la noticia. Sara no tuvo unos padres furiosos y avergonzados. Se pusieron a su lado y trataron de ayudar. El aborto ya no era una posibilidad por lo avanzado de la gestación, así que las decisiones seguían esperando a ser tomadas. Aunque Sara la tenía clara, no quería ser madre, no quería tener aquel hij@, no quería. Sus padres se movieron. Contactaron con un amigo, abogado. Y a través de él con una monja de la Clínica Sta. Cristina; sí, esa de la que tanto se habla.

Según Sara esta mujer les explicó, a sus padres y a ella, como funcionaba el proceso. Ella ingresaba en una residencia hasta el parto si lo deseaba. Una vez nacida la criatura se entregaba a una familia que estaba en lista de espera. Sara aún tendría 6 meses para cambiar de opinión. La familia que presentó a Sara a la monja estaba es la lista de espera y, al llevar a una mujer que renunciaria a su hijo, pasaban al los primeros puestos de la lista, con la única condición de que no era al bebé de la presentada al que adoptarían. Y así fue. La familia amiga adoptó a una niña un par de meses despues de que Sara pariera en Sta. Cristina. Y seis meses despues de parir firmaron la renuncia definitiva. Parió una criatura un verano de finales de los 70. No sabe si fue niño o niña por que pidió que no se lo dijeran. Se lo entregaron, ya vestido, unas horas despues del parto y lo tuvo unos instantes en brazos. Ni siquiera entonces se arrepintió de su decisión, sentía que no era suyo y estaba convencia de hacer lo correcto. No había marcha atrás.


Más que su historia me interesaban sus sentimientos, así que pregunté abierta y directamente. Sus palabras literales fueron: "nunca fui la madre de esa criatura, ni lo fui, ni lo soy. Desde el momento que decidí que no quería ser su madre, dejé de serlo". El tiempo pasó, su novio y ella dejaron de serlo. Sara estudió una carrera, conoció a una persona y formó una familia. Tiene 3 hijos. Tanto su marido como sus 3 hijos saben la historia.


Cuando le pregunté que pasaría si su hij@ estuviera buscando me dijo que aceptaría verl@, que ella no tendría ningún incoveniente en verl@, en contarl@ la historia, lo que pasó y como pasó. Pero que ella no encontraría nada, por que no busca nada, como en ella no encontraría una madre. Su decisión fue la que fue, y no se arrepiente. No sabe si hizo lo mejor o lo peor; hizo lo que en aquel momento creyó que tenía que hacer. Aunque me aclaró que no le gustaría, que no forma parte de su vida y no le gustaría que "se colara por la puerta de atrás".


Le pregunté también si le echaba de menos, si se acordaba de ese niño: "una vez sentí una punzada...... ¿de dolor?..... no lo sé", me dijo, y fue cuando nació su hijo el pequeño, por que vió la carita de aquel al que parió un verano de finales de los 70.


Me decía que si hubiera abortado hubiera sido más cómodo, por que 9 meses sabiendo que no es tuyo, que no lo quieres, son difíciles, que lo pasó muy mal.
Sobre la palabra abandono me dijo que son apreciaciones de un lado u otro de la historia. Que es lo que hizo, entregarlo a otros abandonandolo ella.


Ayer Sara me rompió el mito de la madre sufridora de su decisión, de la madre dolida y arrepentida. Ayer una mujer, mirándome a los ojos, me dijo que ella no se sentía de ninguna manera madre de un niño al que parió, que no le dolía haberlo abandonado. Y aún no lo he procesado....."



Me quedo sin palabras... Espero vuestras opiniones...

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