viernes, 30 de diciembre de 2011

Mara Hvistendahl: "Preferir un hijo varón tiene causas sociales"

Empezó a visitar escuelas chinas para reportajes sobre educación, le chocó ver aulas repletas de niños, muchos más que niñas 

Cuando la periodista estadounidense Mara Hvistendahl, corresponsal de la revista Science en Asia, empezó a visitar escuelas chinas para reportajes sobre educación, le chocó ver aulas repletas de niños, muchos más que niñas. Hvistendahl (Minnesota, 1980) exploró ese desequilibrio de género en países de Asia, y el resultado es el libro Unnatural selection. Choosing boys over girls, and the consequences of a world full of men (Selección no natural. Escoger niños sobre niñas, y las consecuencias de un mundo lleno de hombres), publicado este año. La autora contestó por correo electrónico desde Pekín a las preguntas de La Vanguardia.

¿La política del hijo único en China ha exacerbado el desequilibrio de géneros?

Lo ha hecho al presionar a las parejas para limitarse a un hijo, o en algunos casos, dos. Puede que las mujeres chinas modernas quieran hijos varones menos que las de hace cuarenta años, pero también tienen menos descendencia que entonces. Como la ley fuerza las expectativas en cada nacimiento, las parejas recurren a la tecnología para asegurarse de que uno de esos nacimientos sea de un niño. Pero la política del hijo único no es el único factor que contribuye al desequilibrio en la ratio por sexo. Se está viendo ese desequilibrio en Taiwán, Vietnam, India, Azerbaiyán, Albania y Georgia. Esos países tienen en común un rápido descenso de la tasa de fecundidad, que puede deberse a objetivos de población predeterminados, o al propio desarrollo económico, que suele conllevar una caída en los nacimientos. Preferir un hijo varón tiene causas sociales.

En India obran así familias urbanas de clase media, educadas. Parece contradictorio.

En todo el mundo, las familias urbanas y bien educadas suelen ser las primeras en tener menos descendencia. En India, la tasa de natalidad ha descendido en ciudades pudientes como Nueva Delhi, mientras sigue siendo relativamente alta en el nordeste más pobre. Las clases altas suelen ser las primeras en obtener acceso a las nuevas tecnologías; y en cierto sentido, las ecografías son como cualquier otra tecnología. La tradición y el sexismo pueden influir más en pueblos pobres, pero es también menos probable que sus habitantes experimenten con el aborto selectivo por sexo, al menos al principio. Esta situación está cambiando rápidamente.

Hay quien culpa a la tecnología por proporcionar información sobre el sexo del feto de modo más rápido y fiable.

La tecnología forma parte de esta historia, igual que las tasas decrecientes de natalidad. Nuevos métodos como el diagnóstico preimplantacional, que permite la selección por sexo en el estadio embrionario, y los tests de ADN fetales, que permiten a las embarazadas saber el sexo del feto a las siete semanas, incentivarán la demanda de selección de sexo. Eso no significa que debamos prohibir tales métodos; el diagnóstico prenatal tiene aplicaciones que valen la pena. Sí habría que cuidar la regulación de nuevos métodos antes de que estén al alcance general.

¿Cómo rechazar el aborto selectivo de niñas y aceptar el aborto por otras razones?

Debería ser posible apoyar el derecho de la mujer a abortar y al tiempo creer que ese derecho tiene límites. El debate sobre el aborto en Occidente suele hacerse en términos maximalistas; esa es parte de la razón por la que el mundo ha fracasado a la hora de actuar contra el aborto selectivo por sexo. Hay que dejar atrás ese debate y admitir que la selección de sexo es algo que que va más allá del aborto.

fUENTE: http://www.lavanguardia.com/vida/20111228/54243407482/mara-hvistendahl-preferir-hijo-varon-tiene-causas-sociales.html

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