sábado, 24 de marzo de 2012

Un poema chino

Por Nieves Fernández 


O quizá un cuento chino…, sabido es de los buenos narradores y poetas orientales, podríamos citar a Pu Sogling, Lu Sin o Gao Er Tai, pero mejor que hablar de autores, hablar de sus obras, recientemente he podido comparar los valores de la moraleja de un cuento con la fuerza de un poema, ambos chinos, pero da igual que los autores sean orientales o no, aunque puede que más de un lector pueda llevarme la contraria. 


Si un poema, un cuento o todo un libro tienen fuerza para mover el mundo, miedo da de tomar la palabra y lanzarla así como lo hacemos los autores del siglo XXI, enviándola al mundo digitalizado de Internet casi como adolescentes que anuncian en facebook las últimas fotos o diversiones. 


Esa opinión o palabra, más o menos literaria se transmitirá, se multiplicará, peleará por ser libre y difundida aunque propugne la represión, querrá contagiar a los posibles lectores para que se activen y movilicen. Es un arma muy nueva todavía que me gustaría calificarla del futuro, no es lo mismo publicar una obra ironizando a la sociedad de su tiempo, criticando, engañando y jugando con los lectores, como indudablemente hizo en su época Cervantes a través del papel, que interactuar por la red de redes escuchando opiniones, contrastando e invitando a realizar buenas o malas acciones. 


Los gobiernos se plantean retirar páginas web que inciten a esto o a lo otro y no hacen otra cosa que remarcar el donoso escrutinio del famoso capítulo VI de El Quijote, rayando en el derecho a la libertad de expresión. 


Sin duda, el hombre es peligroso por lo que dice, antes que por lo que hace. Y haría falta leer más cuentos y poemas para discernir o para que las masas disciernan. He aquí el cuento chino aludido: Habla de una madre china, muy pobre, que consigue que su hijo, huérfano de padre, acceda a los estudios, mientras ella teje y teje durante el día y la noche. 


Al notar que su hijo afloja en las notas, ella misma destruye, cual Penélope, la tela valiosísima tejida, diciéndole a su hijo que con lo que ha hecho siente la mitad de pena de lo que siente porque el abandonó los estudios. 


Y he aquí el poema chino “digno” de encarcelar a su autor durante siete años por animar a actuar al pueblo en Internet: “Es la hora./ Es la hora, pueblo chino! Es la hora,/ la plaza es nuestra, /los pies son nuestros./ Es la hora de usar nuestros pies para ir a la plaza y elegir.” 


Dos textos orientales, cuento chino y poema, nos incitan a actuar de forma individual y colectiva en estos tiempos difíciles en los que se comparan los medios de subsistencia, hay muchos medios y también son escasos al mismo tiempo; puede no haber trabajo, pero nos comunicamos casi gratuitamente con millones de personas al mismo tiempo. 


Importa decir que el poeta aún sigue encarcelado y el chico volvió a los estudios. Dos respuestas comunicativas individuales, colectivas y literarias como la vida la misma. 


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