sábado, 28 de mayo de 2011

Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos

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Este próximo noviembre, Zhang Yimou cumplirá sesenta años, y puso al cine chino en el mundo hace más de veinte con Sorgo rojo, que ganó el Oso de Oro en Berlín y que lo consagró a la cabeza de una nueva generación de directores de su país. Después llegaron Semilla de crisantemo, La linterna roja, Qiu Ju, una mujer china, ¡Vivir!, La joya de Shanghai, Ni uno menos, El camino a casa, Hero, La casa de las dagas voladoras, La maldición de la flor dorada y alguna más. Una obra excepcional, llena de aciertos y con un sello personal caracterizado por su interés político, humano y, desde luego, estético.

En algún momento, Zhang Yimou vio Sangre fácil, la primera película de los hermanos Coen –otros maestros en lo suyo– y quedó fascinado; durante muchos años maduró una idea y por fin se decidió a realizarla: una historia china basada en ese mismo argumento. No se trata de una revisión ni de un calco, al estilo de las versiones que el cine americano suele producir sobre éxitos anteriores, sino de una “inspiración” trasplantada a su propio lenguaje, a su cultura y su tradición.

Dice Zhang que la tragedia y el drama son universales y que cualquier obra de estos géneros puede comprenderse en todo el mundo, sea cual sea el lugar y la época en que fuera creada; pero con la comedia no sucede lo mismo: el humor es mucho más local y es posible que lo que en un país o en una zona resulte divertido, en otros la gracia pase totalmente desapercibida. Seguramente tiene razón, pero aún así se ha atrevido a tomar la historia de los Coen –un sombrío thriller sentimental salpicado de humor negro– y convertirla en una ópera bufa completamente china, una farsa casi musical –su ritmo es su banda sonora– en la que los elementos teatrales se combinan con su espectacular sentido cinematográfico.

El argumento se desarrolla en una vieja posada en mitad de un paisaje lunar. La trama es la misma que en el original: el eterno conflicto entre el marido burlado, la esposa casquivana y el amante; aquí éste es un tontaina pusilánime, elegido sólo por el ansia de venganza de una mujer maltratada… y porque no había otro más a mano. El elenco se completa con una pareja de criados –personajes cómicos equivalentes al “gracioso” de nuestro Siglo de Oro– y, claro, el detective, encargado por el marido de dar un escarmiento a los traidores. El marido es cruel, brutal y avaricioso, y el detective es astuto, malvado y todavía más codicioso. Puede matar fácilmente a los amantes, pero quizá prefiera esperar a ver cuánto dinero puede sacar del asunto.

A estas alturas, la experiencia y el talento de Zhang no encuentran ningún obstáculo para contar esta historia. Convertida, como digo, en una farsa –casi surrealista–, el director retrata la posada con grandes angulares, para darle aún mayor aspecto de escenario teatral, pero los combina con espectaculares exteriores, en unos campos infinitos, rojos de día y azules de noche, bajo unos cielos surcados de nubes velocísimas, de lunas que parecen faros, de luces y sombras como amenazas: unos auténticos protagonistas del relato. Y por supuesto, hay soldados a caballo, de lanzas y armaduras relucientes, detalles riquísimos en primeros planos fulgurantes: la marca del genio.

La misma firma que se revela en los momentos más brillantes de una película que los tiene a docenas: la secuencia inicial con el descacharrante vendedor de armas; la elaboración, casi mágica y a ritmo sinfónico, de la sopa de tallarines; o el final trepidante, lleno de violencia pero también repleto de ingenio y sentido del humor. A lo mejor hay que ser chino para entender y disfrutar toda esta armonía de sensaciones, sonidos y colores; pero yo creo que no; y que, aunque Zhang se lo piense, el humor y los conflictos humanos son universales e intemporales. La “Commedia dell’Arte” ya representaba este mismo argumento. Y Lope; y Moliére; y Buñuel, y el cine italiano, y el francés y el americano: los Coen, con su estilo; Zhang Yimou con el suyo: esa maravilla de ritmo, luz, color y sentido plástico absolutamente inimitable.

Fuente: http://www.elreservado.es/news/view/256-cartelera-cine-portada/1258-una-mujer-una-pistola-y-una-tienda-de-fideos-chinos

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