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Caballo de Fuego - La poesía de Rumi Nishimura

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Título: Caballo de fuego
Autor: Rumi Nishimura
Editorial: Ediciones Mucuglifo
Comentarios: En 2006 apareció bajo el sello Mucuglifo (Venezuela) el segundo poemario de Rumi Nishimura, titulado Caballo de Fuego. Este libro se vincula tangencialmente con su primer poemario, Confesiones de piedra, publicado en Bali, en el año 2000. Dice el horóscopo chino que aquellos que nacen bajo el signo del Caballo de Fuego, pasarán su vida preocupados por modificar su entorno. Y al mismo tiempo luchan por transformar su realidad. Para ello cuentan con la fuerza de su intelecto y el poder de su magnetismo; su finalidad intrínseca es derribar barreras y crear puentes de comunicación entre las demás personas. Fuerza y pasión mueven sus actos adornados siempre por la magia de su ingenio. Dice también este horóscopo que el Caballo de Fuego es un buscador de emociones intensas. Los versos de Rumi Nishimura no hacen más que corroborar estos elementos para cargar de fuerza y expresividad a sus palabras. Hinoe-uma o Caballo de Fuego, se corresponde con cinco elementos: agua, fuego, tierra, metal y madera. Caballo y fuego, por tradición, ha sido la combinación más fuerte debido a las características de los dos elementos.
El padre, la memoria
Cuenta Rumi que su padre siempre defendió la particularidad de aquella hija que, inscrita en la tradición japonesa, tenía un futuro atado a los retos y las dificultades. En esa tradición no es deseable tener una hija caballo de fuego. Por ello estas mujeres deber luchar más, sobreponerse a los designios nefastos y ser muy fuertes. En países asiáticos donde rige el horóscopo chino (Vietnam, Japón, China), sobre todo Japón, evitan tener hijos durante los años cuando esa combinación caballo+fuego ocurre, por temor a tener una niña bajo ese signo. Una mujer caballo de fuego, según dicen, es muy fuerte. En épocas anteriores si una mujer quedaba embarazada ese año, lo más probable es que se provocara el aborto. Rumi cuenta que creció oyendo siempre a su padre decir que ella era un Caballo de Fuego. Nunca con animosidad, sino más bien, para él, como motivo orgullo. Según dicen, los Caballos de Fuego corren con libertad, y no se les puede domar. Y de eso trata este libro.
En primer lugar, es un homenaje al padre que desafió los designios para comprender y consustanciarse con tal hecho del destino: “Y sonreía y le brillaban los ojos/ él hablaba de mi/ de un caballo de fuego/ inapagable”. El homenaje al padre se trasunta en esos versos, llenos de gratitud, como recordando las complicidades, el acto de mirar juntos el horizonte: Sueño contigo,/ con los cuentos de caballos que nacen del fuego/ cada sesenta años,/ caballos que corren sin ataduras,/ sin mirar atrás”. Rumi Nishimura es hija de japoneses emigrados en la primera oleada migratoria hacia Venezuela. Su padre Norimitsu Nishimura quiso que sus hijos se compenetraran con la cultura venezolana, y propició su acercamiento a las tradiciones, y a la música venezolana. Así, sus pequeños hijos aprendieron a ejecutar los instrumentos típicos, tocaban en la escuela y fueron presentados en la televisión vistiendo los trajes típicos del joropo. Y de ello guarda reminiscencias que ha convertido en poesía: “Aquella niña de blusa blanca/ falda floreada/ alpargatas/ moviendo los brazos al ritmo/ del arpa del cuatro de las maracas/ un musiú buscando estrellas. /Nosotros/ los hermanos”.
Ella siempre supo que su padre era un hombre diferente, y quizás por ello dejó su país para ir a Venezuela y formar allí a su familia. Y la nostalgia por el padre es también un poco la sensación de pérdida de un paisaje, de unas calles, de una ciudad, reminiscencias de Caracas y del Ávila, de los amigos de la infancia. Pero también de la vida familiar que se desdibuja en otros paisajes, en otros espacios, los nuevos, los vistos, los soñados, los aprendidos, los que viajan en la memoria. Esa patria que es más que un deseo se delata como en un sueño. Termina ese canto al padre con el compromiso de guardar su memoria para siempre: “pero en mis sueños eres tú, / el que nunca se rinde/ el que no cae/ el que sonríe”.
Un rito de iniciación
Confesiones de Piedra, sobrio en su presentación, altivo en su diseño, invita a incursionar en sus páginas, confeccionadas con amable papel e intensa escritura. Con tan sólo atravesar el umbral de sus primeros versos, comprendemos aquello que la poeta, con su voz sostenida, nos quiere confesar. Hay tantos detalles de una voz interiorizada, que nos lleva de la mano a través de dos caminos esenciales.
El primero, es el derrotero de un largo viaje. En ese viaje capta paisajes entrañables, ciudades reales, geografías nombradas o apenas sugeridas. Es un viaje sin ataduras, cuya consigna parece ser “Seguir nómada, sin rumbo”.
El segundo, va hacia el interior de los sentimientos, a los eternos interrogantes, sobre la vida, la muerte, el amor, el deseo y los sueños (“Artes de fuego/ de una palabra urgente y necesaria/ con el olor de sándalo encendido/ como luciérnaga/ como vela/ Es lo que aún llevo conmigo/ en este mar /o en el otro/ de este lado de la cordillera/ que llevo sin nombre/ sin dirección”. Luego, esa escritura íntima recupera los detalles que el ojo descifra y el sentimiento captura. Podemos entrar en él sin haber buscado una puerta, pues más bien son muchas las ventanas por las que esta poesía diáfana, nos enseña sus enigmas, sus hallazgos, y también nos llama cautelosa, para dejarnos en el umbral de lo insondable, en un territorio de sombras que sólo pertenece a esa voz que nos conduce, y donde no nos permite entrar tan fácilmente. Hacen falta otros elementos, otros aprendizajes, para alcanzar las certezas, quizás todo convoque algo parecido a un rito de iniciación.
Confesiones de piedras nos plantea un viaje existencial, nos otorga esa savia con la cual poesía y vida son una forma concreta de la conciencia, y la certeza de que cada acto vital, por más sencillo que parezca, trasciende si se logra decantar en él lo que es realmente importante, lo que no está tan a la vista, como muchas veces esperamos. Los textos de Rumi Nishimura están impregnados hasta la raíz de savia vital, de afirmación. Éste un libro caleidoscópico que nos ofrece en su riqueza lingüística y sensorial un universo que invita a la pregunta, o conduce a la purificación. ¿Será que en su esencial transparencia se encierran los enigmas vitales de las generaciones anteriores? Rumi no resuelve los enigmas, sólo los nombra, los muestra, los comparte. Nos lleva de la mano hacia un universo donde todo es suficiente, donde todo parece haber estado intacto, siempre en el mismo lugar. Esto resultaría paradójico si no tuviéramos conciencia de que el libro resume, en perfecta sintaxis de imágenes, un largo viaje interior, sin ataduras, del cual sólo sabemos el comienzo.
Estas confesiones presuponen un acto de compañía, de diálogo, de apertura hacia el otro, a quien le vamos a abrir nuestros secretos, nuestros anhelos, nuestras culpas. "Tantas fábulas, tantos naufragios", nos dice un verso que revela el sentido profundo del acto de contar, de relatar; pero también nos hace partícipes de un acto de supervivencia. En Confesiones de piedras leemos un libro que no nos impone un orden sino que, por el contrario, nos brinda la oportunidad de construir nuestro propio orden. No nos anuncia de manera rígida el apego del contenido del poema al enunciado que pudiera dar un título, sencillamente, omite los títulos para que así el lector también construya con libertad el sentido de cada poema. Cada texto no se cierra sobre sí mismo, sino forma una espiral de voces que se prolongan en el infinito. Rumi Nishimura recrea una maravillosa síntesis de paisajes vistos, y no sólo vistos sino aprendidos, exuberantes paisajes, luminosos, y espacios hollados por una historia cruel (Vietnam/ donde el sol se ocultaba/ en medio de los arrozales/ parece otra/ es el Sur/ tal vez más esperanza/ tal vez), y deja constancia de que todo cuanto ve y palpa, respira y escucha, lo convierte en sonoridad poética, en imagen que comparte con comedido acento, sin estridencias. A la fuerza de sus versos, hay que sumar el conjunto de elementos que conforman el libro: su factura artesanal, sus tapas fuertes presuponiendo en el largo camino del tiempo, el resguardo de la palabra. Las ilustraciones, obra de Petra Marianne Kowalski, también sugieren su propia catadura existencial: Danza, Trascendencia, Conexión.

Confesiones de piedras nos envuelve en una sintaxis abierta, nos presenta un recorrido vital que nos permite consustanciarnos con una aventura de vivir, que Rumi comparte en cada verso, como un fragmento de vida. Así, de manera fragmentaria, como se presentan los sueños y los recuerdos, nos adentramos en estas páginas a una intimidad imaginadora, a un mundo de sensaciones y pensamientos que alguna vez fueron consignados de manera espontánea, quizás sin presentir a un lector que pudiera o quisiera reconstruir sus recorridos.
Así como su título lo aclara explícitamente, Confesiones de piedras no presupone otro lector que no sea el cómplice compañero de viaje que comprende todo lo que la obra en su conjunto encierra, puesto que también lo ha vivido, lo ha internalizado en su pensamiento, o alguna vez, también, lo ha soñado. Todo ese universo de sensaciones, emociones, reflexiones, Rumi nos lo devuelve decantado, despojado de retóricas, y nos trae una palabra cristalina, que fluye en el canto del agua que corre sobre las piedras para avivarnos la ensoñación y hacernos comprender la importancia de vivir, la armonía interior, la trascendencia de un hecho de aparente simplicidad, la conciencia de su propia trascendencia, más allá de la maldad, la violencia y la guerra. Entonces, aquí la piedra alcanza otras resonancias, se hace fortaleza, el guijarro humilde de nobleza atemporal se yergue sobre la memoria como en las antiguas ciudades de América, quizás por eso, Rumi significa piedra en lengua quechua.
Este conjunto de textos poéticos es una respuesta a los interrogantes de la viajera atenta, introspectiva, que adentra sus pies en el horizonte sin preocuparse por lo que pueda aguardarle en un recodo del camino. Su voz interior se halla situada en su pasado, en su presente, en el anhelo de lo que vendrá, inevitablemente escindida: “siempre con lenguajes combinados/ mis dos mitades/ yo misma en el medio”.
En ese tránsito, en ese andar entre paisajes y memorias, queda lo aprendido, pero también la sed por descubrir, ese algo que aguarda, y que es una especie de utopía aposentada en el mañana: (Cuál será esa vida tan soñada/ aquella melodía/ de tantos recuerdos viejos/ Cuándo vendrá el tiempo de nosotros/ Cuál tiempo es el que quiero/ Sólo espero).
Confesiones de piedras, con sus enigmas interiores nos invita a celebrar el paisaje, la memoria, el deseo de compañía y los sueños. Por sus páginas corren ríos, suben las mareas, pasan los trenes, hay días nublados, días de sol y a veces llueve. De repente, también nosotros nos acordamos de una ciudad, escuchamos alguna melodía profunda, sabemos que por sus páginas caminan los pies del mundo y sentimos que nos están llamando desde lejos.
Rumi Nishimura, nació en Caracas en 1966, formada en Antropología en la Universidad Central de Venezuela, titulada en estudios Luso-Brasileños y en Relaciones Internacionales en la Universidad de Sophia, Tokio, Japón. Viajera por remotos y exóticos lugares, deja en sus palabras el testimonio de su paso por espacios llenos de reverberaciones místicas y míticas, de los cuales queda, para su escritura, una resonante nostalgia.
Gregory Zambrano
Universidad de Los Andes
The Japan Foundation Japanese Studies Fellowship
Fuente : http://libros.revistaseda.com.ar/

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