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Madres e hijas: el relato de una conexión especial

El reciente estreno en España de la película “Madres e hijas” del director Rodrigo García ha generado una gran expectación en el público. Esto no sólo se debe a la calidad de la obra del director de películas como “Nueve vidas” o “Cosas que diría con sólo mirarla” sino también, y sobre todo, por el hecho de ser más conocido en España como el hijo del premio nobel Gabriel García Márquez. La película explora las relaciones que pueden desarrollar una madre con su hija, el apego y la comunicación que comparten, pero también y sobre todo, la desesperación y el desequilibrio generados por el distanciamiento. Esta última película del director colombiano destaca por la originalidad de su temática, por la presentación peculiar que hace de la adopción y el humor de ciertas escenas aunque a veces puedan parecer algo exageradas.

El difícil proceso de adopción
Desde el inicio, la película se centra en el esfuerzo que supone adoptar y las exigencias a las que debe someterse una joven pareja afectada por la esterilidad de la mujer. No sólo se trata de rellenar un documento, elegir el sexo, el origen o la edad del niño que va a ser adoptado, sino también exponerse a un proceso largo y fatigante, aguantar encuentros tensos con administrativos o, incluso, reunirse con la madre que piensa deshacerse del niño y responder a sus preguntas más impertinentes. “Ser madre debería ser algo más fácil”, comenta una madre con su hija implicada en un delicado proceso de adopción y ese comentario ilustra la desazón que atraviesa la pareja.

Sin embargo, quien dice adopción dice también abandono. En ese sentido, la película “Madres e hijas” aborda la perspectiva de una mujer primeriza que por ser joven y aspirar a un futuro más próspero, considera que su única solución es abandonar a su bebé. La decisión no es nada fácil y eso se nota en su rostro receloso, en la amargura y en la culpa que manifiesta cada uno de sus gestos. El abandono implica deshacerse de una parte de sí misma, perder a un nuevo ser que ha ido creciendo durante nueve meses y se ha alimentado de la misma energía y, por encima de todo, asumir la culpa de no haber sido una buena madre durante el resto de su vida. Estas decisiones tan extremas son las que marcan a algunas de las protagonistas de la película de Rodrigo García.

El amor maternal y la necesidad de conexión

Más allá del proceso de adopción, Rodrigo García analiza la experiencia de una mujer abandonada siendo recién nacida y retrata un cuadro de desolación y misterio que acapara gran parte de la trama. La ausencia de lazo afectivo con una madre y la consecuente falta de identidad acaban influyendo de forma notable en el destino de la joven, la empujan a llevar una vida inestable, huir constantemente de los compromisos, cambiar de domicilio e inventarse nuevos retos.

Así pues, el amor maternal parece ser un elemento esencial en el equilibrio, la armonía y la comunicación de la hija y, sin embargo, la madre también espera de su hija el mismo amor que ofrece con tanta generosidad. También se lamenta por los errores estribados de lagunas educacionales, negligencias diversas o un perfeccionismo excesivo. Los fracasos de una pueden alimentar las frustraciones de la segunda. Los miedos y los caprichos se repercuten en la otra como si ambas fueron el mismo elemento. Una conexión indecible, más fuerte que el simple lazo sanguíneo, une a madres e hijas y, según Rodrigo García, esta conexión puede superar el distanciamiento y la muerte. Con todo esto, sólo nos queda preguntarnos qué hay de los niños varones y de los padres…

Fuente: http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/57741


http://www.parasaber.com/estrenosdecine/media/201006/30/20100630psaedc_4_Ies_LCO.jpg

Título V.O.: Mother and Child
Año de producción: 2009
Distribuidora: Vértice Cine
Género: Drama
Clasificación: Pendiente por calificar
Estreno: 2 de julio de 2010
Director: Rodrigo García
Guión: Rodrigo García
Música: Ed Shearmur
Fotografía: Xavier Pérez Grobet
Intérpretes: Samuel L. Jackson (Paul), Annette Bening (Karen), Elpidia Carrillo (Sofia), Cherry Jones (Sister Joanne), Naomi Watts (Elizabeth), Marc Blucas (Steven), Jimmy Smits (Paco), Kerry Washington (Lucy), David Ramsey (Joseph), Alexandria M. Salling, Eileen Ryan (Nora), Bradford Alex (Fisioterapeuta), Simone Lopez (Cristi), Carla Gallo (Tracy), Karen (14 años)



Sinopsis

Cuando tenía 14 años, Karen abandonó a su hija recién nacida por imposición de su madre. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero ella no ha dejado de arrepentirse de esa decisión, ni siquiera ahora que ha encontrado al hombre de su vida. Esa niña se llama Elizabeth, trabaja en una firma de abogados e intenta hacer frente a sus problemas familiares y sexuales. El destino irá uniendo los caminos de Karen, Elizabeth y Lucy, una mujer que quiere ser madre sin saber si está preparada para ello.

El colombiano Rodrigo García (hijo del escritor Gabriel García Márquez) vuelve a demostrar su gran valía para las historias cruzadas en "Madres e hijas". El director de "Nueve vidas" y "Cosas que diría con sólo mirarla" analiza el poderoso vínculo materno-filial, a través de un conmovedor drama de corte independiente que él mismo ha escrito pensando en tres personajes femeninos. La pérdida, la ausencia y la fuerza del destino son pilares importantes de la trama, al igual que las consecuencias de los errores del pasado y las oportunidades perdidas.

El elenco es bastante coral, como no podía ser de otra manera en el cine de Rodrigo García. Annette Bening, a la que no veíamos desde la comedia "The Women", está muy bien acompañada de la guapa Naomi Watts (Promesas del Este, El velo pintado) y la actriz de "Los 4 fantásticos" Kerry Washington. Pese a titularse "Madres e hijas", la presencia masculina de la película es de auténtico lujo, con los nombres de Samuel L. Jackson (Iron Man 2), David Morse (En tierra hostil) y Jimmy Smits (Conociendo a Jane Austen).

Crítica

El aliento de Iñárritu palpita detrás de las imágenes deMadres e hijas. Produce la película y no haría falta consultar la ficha técnica para sospecharlo; salvando la querencia deRodrigo Garcíapor la redención sensiblera, podría ser un guión de Arriaga inmortalizado por el director deBabel. A García también le gustan las ficciones de vidas cruzadas más que a un tonto un lápiz, y Iñárritu ha de ser por fuerza el espejo en el que se mira. Más que nunca enMadres e hijas, que desmenuza las vidas interconectadas de tres madres (e hijas) asaltadas por el trauma del efecto dominó.

La fatalidad separa y une sus vidas mientras ellas tratan se superar los traumas del pasado: la una el síndrome del abandono materno, la otra el síndrome de rechazo de un hijo y la otra la incapacidad de procrear y el infierno burocrático y emocional de la adopción. Las tres historias confluyen en un mismo cruce de caminos en un empacho de sentimentalismo ciertamente estimable. García sujeta las riendas con pulso firme durante los dos primeros actos, mientras sus personajes se mueven coherentemente en el filo del abismo dañando sin miramientos, de pura amargura, a quienes les rodean.

Hay un aura de verdad en la insufrible derrota de casi todas (el episodio de la adopción con Kerry Washington podría no estar y nadie lo echaría en falta) las subtramas; los unos y los otros sufren con desgarros tangibles, de carne y hueso. Olemos las trampas, pero las digerimos diluidas en la armonía global del conjunto, esculpida con conmovedora credibilidad en los rostros de Annette Bening y Naomi Watts. Pero de pronto

García se emancipa de su mentor Iñárritu; el dolor enquistado e irreversible de las películas del mexicano se atempera aquí alumbrando una colección de redenciones imposibles. De pronto todos asumen sus errores, metabolizan sus miedos y de bordes, insociables y malas víboras florecen las madres y las hijas en corderitos, en mujeres ejemplares redimidas por el amor y los milagros de la maternidad.

Madres e hijasse cae con todo el equipo en el tercer acto; García inunda su película de trampas y se enreda en el sentimentalismo plano y más pueril. Entonces deja de ser un discípulo de Iñárritu para parecer más un director de telefilmes lacrimógenos. Lástima porque había madera de película intensa, de cruce de caminos solvente. Al final García se traiciona a sí mismo y se deja llevar por la dictadura de la lágrima fácil.

Fuente: http://www.20minutos.es/cine/cartelera/pelicula/30816/madres-e-hijas/

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