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Acogimiento familiar

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Murcia/ESPAÑA.-
Abel y Lucía son un matrimonio que hace más de cinco años optaron por el acogimiento. Teniendo en cuenta que ya eran padres de seis hijos, la pregunta es obvia:

¿cómo se os ocurrió esta locura?

Todo fue durante el puente de El Pilar de 2004. Un matrimonio de la Comunidad Neocatecumenal a la que pertenecemos nos comentó que en Murcia había una niña con fibrosis quística que le urgía una familia (es muy difícil encontrar familia para los niños enfermos). Desconocía­mos si se trataba de un acogimiento o de una adopción (a decir ver­dad, en aquel momento no sabíamos nada sobre acogimientos). Así es que le encomendamos la decisión a la Virgen del Pilar, y el domin­go por la noche ya lo teníamos claro: fuese para lo que fuese, nosotros estábamos dispuestos. No podíamos quitarnos de la cabeza el Evan­gelio donde dice "lo que hagáis a uno de éstos mis pequeños, a mí me lo hacéis".

¿Cómo fue el proceso?

Fue un poco a la inversa de lo habitual. Normalmente haces el curso de acogimiento, te dan el certificado de idoneidad y te adjudican el niño. Nosotros ya sabíamos cuál era la niña que queríamos y luego realizamos los demás trámites. Dudábamos que nos dieran la idonei­dad por tener ya seis hijos y al terminar las entrevistas y las baterías de preguntas, tanto la psicóloga como la asistente social reconocieron que habían iniciado el proceso convencidas que iba a ser un "no", pero a lo largo del mismo se habían sorprendido de lo mucho que puede aportar una familia numerosa a un niño enfermo.

Vuestros hijos ¿cómo respondieron?

El mayor tenía quince años y el pequeño tres. Pensábamos que no sería fácil, pero que lo encajarían y la verdad es que uno no gana para sorpresas: cuando entramos en el centro donde estaba nuestra niña, el corazón de todos cambió; por primera vez eran testigos de una realidad que no conocían, niños que no vivían con su papá y su mamá por distintas causas. De regreso a casa todo eran preguntas: "mamá ¿nos podemos traer también a Alejandro?", "papá ¿nos podemos traer también e Mayra?" y una continua acción de gracias por lo que tenían, "una familia".

¿Cómo fue la llegada a casa?

Todos la esperábamos llenos de ilusión y cariño. Llegó con catorce meses y seis quilos y medio de peso; estaba muy malita y había pasa­do muchos meses ingresada en el hospital, por lo que le costaba de­jarse querer, le molestaban las caricias y tenía terrores nocturnos. Era duro. Tú le querías demostrar cuánto la querías y ella no se dejaba. Éste tipo de niños vienen con unas heridas que no se ven, que están en el corazón, y para curarlas hace falta mucho amor, y nada tiene que ver la Nati que vino a casa hace cinco años, con nuestra Nati de ahora.

¿Cómo es la niña ahora?

Ahora tiene ya más de seis años, y la evolución de su salud ha sido espectacular, hace una vida prácticamente normal, va a natación y al cole, donde recibe apoyo por problemas de aprendizaje. Es una niña feliz como cualquier otra.

Tres años después acogéis a Gabriel. ¿No teníais bastante?

Eso es lo que muchos nos preguntaban. Por entonces Nati aún tenía régimen de visitas, y en una de ellas, la persona de Asuntos Sociales que siempre ha llevado su caso, nos pidió que hiciésemos un llama­miento en nuestro entorno, porque había necesidad de acoger a más niños con problemas. Lo dijimos en nuestra Parroquia y a nuestras amistades, pero Dios ya había sembrado en nuestro corazón el poner­nos a disposición para acoger otro niño. Fueron ellos los que nos propusieron al que ahora es nuestro peque, un angelote que entonces tenía dos años y dos lesiones cerebrales. No sabíamos cómo iba a evolucionar. De momento es un niño feliz que aprende de todo, pero a un ritmo mucho más lento

Esta vez ¿qué dijeron vuestros hijos?

A los mayores les pilló en plena adolescencia y no les cayó tan bien como la primera vez, pero fue ir al hogar y cambió su actitud de nuevo.

¿Cómo fue la escolarización?

Inicialmente nos plantemos otro tipo de centro con más medios para este tipo de niños, pero nuestros hijos mayores dijeron que de eso nada, "¿quién lo protegería y cuidaría?". Ya no tuvimos dudas, lo lle­varíamos a Trinitarias junto al resto de nuestros hijos. No sabemos dónde llegará académicamente, pero lo que realmente importa es que se sienta arropado y sea feliz, y sin duda, con sus hermanos alrede­dor, así iba a ser.

Además el cole se ha involucrado al máximo con nuestros dos peques, buscando recursos que les ayuden, con el gabi­nete psicopedagógico, con logopedas, así como suministrando la medicación que la nena tiene que tomar en cada comida. A pesar de que mucha gente piensa que en los colegios religiosos los niños así son apartados, nuestra experiencia no tiene nada que ver con eso, y estamos muy agradecidos al colegio y a sus profesores por cómo están pendientes de sus necesidades educativas y afectivas.

Muchos padres, cuando se enteran durante el embarazo que su hijo viene con alguna enfermedad genética o lesión, deciden abortar. Sin embargo vosotros abrís vuestra familia a esos niños. ¿Cómo se hace eso?

No estamos hechos de ninguna pasta especial, ni somos superhéroes, como piensan algunos. Nosotros conocemos cómo somos y sabemos que si Dios no nos hubiera dado la fuerza para ello, no habríamos dado este paso. Además nadie puede decirnos que nuestros hijos pequeños tengan menos dignidad o derecho a vivir que los mayores. Dios también les ha dado a ellos una misión y no es menos importante que la puedas tener tú o yo.

¿Vale la pena?

Y tanto. Hemos pasado por momentos duros y renunciar a muchas cosas, pero siempre hemos recibido de ellos más de lo que nosotros hemos dado. La vida se recibe cuando la entregas. Además, si Dios está en el indefenso y en el que no tiene nada, Dios está en nuestra casa, en especial a través de estos niños.

Fuente: http://www.camineo.info/news/153/ARTICLE/9811/2010-07-06.html

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