04.10.09 -
DV. Los padres que se deciden a ampliar la familia a través de la adopción de un niño extranjero son conscientes de la carrera de obstáculos a la que se tienen que enfrentar. Ese instinto paternal que les permite sortear el interminable camino tiene que vérselas con problemas que a menudo suelen escaparse de su alcance: países a miles de kilómetros de distancia que endurecen los requisitos, trámites excesivos y papeleos que se pierden en la maraña de informes que hay que presentar. El caso es que esa madeja burocrática empieza a hacer mella. Los datos son suficientemente elocuentes: en 2007 se registró la mayor caída de solicitudes desde que existían registros (138 peticiones frente a las 210 del año anterior); en 2008, la tendencia siguió a la baja, con 108 candidatos y en lo que va de año sólo se han apuntado 42 familias.
Hay un claro cambio de perfil en el escenario internacional, que se suma además al sorprendente incremento de bebés guipuzcoanos que han sido dados en adopción en lo que va de año. La primera evidencia tiene una explicación clara que apunta directamente a China. En abril de 2007, el país asiático, de donde son originarios la mayoría de los menores adoptados en Gipuzkoa (297 de los 1.107 niños extranjeros adoptados), endureció los requisitos para optar a una adopción, lo que influyó de inmediato en el número de familias interesadas. Por un lado, hubo muchos matrimonios que no pasaron la criba; otros que se decantaron por otro país que prometía un proceso más sencillo y el resto, simplemente, desechó la opción de adoptar.
La espera se está haciendo eterna. Si hasta hace pocos años los padres podían abrazar a su hijo en menos de doce meses, ahora los expedientes no llegan a su fin hasta casi los cuatro años, en el caso de China. «No podemos interpretar por qué está cayendo el número de solicitudes, lo que sí conocemos es el malestar de los padres que están en mitad del proceso», reflexiona Maider Horna, que encabeza la delegación guipuzcoana de Adopchina (euskadi@adopchina.org) junto a Olatz Gaztelumendi y Elisabete Otaño. Maider habla con conocimiento de causa, no en vano, ya van a hacer dos años desde que inició los trámites de adopción en el país asiático. «Es una espera de locos», dice, pero enseguida lanza un mensaje de sosiego: «Antes o después tendrán que responder a las solicitudes tramitadas. Sólo es cuestión de esperar».
En la actualidad, las autoridades chinas están asignando menores a los expedientes recibidos en marzo de 2006, hace tres años y medio. Una vez cumplido ese trámite, todavía hay que continuar el camino -viajar al país y seguir con la adaptación con el menor-, aunque lo peor ya estaría superado. «Nuestro expediente entró en noviembre de 2007, justo en las peores fechas porque un año antes se había registrado un boom de solicitudes que atascaron el sistema», explica Maider. «Cuando se asigne a los expedientes de abril de 2007, iremos todos de carrerilla, porque no hay tantas solicitudes», tranquiliza a las familias, que podrán recibir información en una charla organizada el sábado 10 de octubre, a las 10.00 horas, en la casa de cultura Ernest Lluch de Donostia.
¿Influye la crisis?
Pero en ese vuelco de tendencia no sólo ha influido el cambio legislativo en China. Los procesos en todo América Latina se han ralentizado sobremanera y en muchos países africanos planea la sombra de las irregularidades, que pueden hacer fracasar el intento de adopción. ¿Y la crisis? ¿Puede retraer a las familias a la hora de lanzarse a un proceso de adopción que, todo hay que decir, supone un desembolso de dinero que no está al alcance de todas las familias? Maider Horna no está de acuerdo con las voces que así lo creen. «Las familias que quieren adoptar se mueven por un impulso paternal. Saben que tienen que pasar muchas dificultades. En lo que sí puede influir es en que haya países que pidan requisitos económicos que muchas familias no pueden cumplir». aldaz
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